sábado, 1 de diciembre de 2018

El encuentro


907
metros de profundidad
366
días esperando
44
vidas de distancia

Estalla el pecho
dolor, bronca, impotencia
hacer el duelo

Un evento anómalo
singular, corto, violento
consistente con una explosión
fue tu último vestigio
Ara San Juan
sepultura
Pasaron por arriba tuyo
¿no te vieron?

Liliana Dekleva
Noviembre 2018

lunes, 20 de agosto de 2018

Un cuento de hadas

El tiempo pareció detenerse en un montón de imágenes superpuestas que invadían mi vista sin poder descifrar cuál de ellas era la más bella. Todo estaba ordenado, con un toque acogedor y femenino.

El ventanal cubierto por unas cortinas blancas. La persiana estaba cerrada, la abrí. Al principio mis ojos se encandilaron con el rayo de luz que se filtraba por el balcón. Las sierras hermosas e imponentes se lucían en frente mío derramando todo su belleza.

Me desperté con la claridad de la mañana, sin el despertador, sin prisa, sin tiempo, sin nada que me ate o condicione. Con la libertad de elegir y decidir que quiero o no quiero. Soy mi propia voz, mi propia conciencia, mi propio juez.

Bajé las escaleras y allí estaba esperando. El vapor en forma muy tenue sobresalía de la superficie. Entré en su espacio y me sumergí en sus aguas cálidas y cristalinas, inundándome de paz y placer, como sirena con príncipe encantado.

Mi cocina estaba cerrada por vacaciones, pero la varita mágica tenía sus poderes y encantos. Los desayunos eran parte del servicio.. Los almuerzos bien sustituidos por latas de jardineras, yogures, frutas y sopas de sobre que potenciaban su sabor con agua bien caliente. Los mates a la merienda tenían su protagonismo, había variedad de tortas, eran muy ricas -y de crema, crema-. Las cenas eran variadas, después de recorrer las calles del centro, mirando vidrieras, artículos artesanales, comparando los precios y menúes. Hasta encontrar el plato adecuado, a veces era abundante y podía quedar una parte para el almuerzo del otro día, o me saboreaba hasta el último bocado.

Las caminatas proporcionadas por el Hotel son una buena cuota de ejercicios, de turismo, una ocasión para conocer a otras personas, una oportunidad para quemar las calorías de más que los chocolates, las tortas y cosas ricas van depositando en mi cuerpo. Estoy cumpliendo ademas, con una de las indicaciones médicas más solicitada en Buenos Aires, que pocas veces logró cumplir. pero aquí parece que mis pies fueran de gacela, porque no se cansan, ni se resisten al recorrido.

La escritura ocupa un espacio muy importante. La musa inspiradora me invade continuamente tocándome con su magia y sacando de mi los sentimientos más puros y nobles que se vuelcan en un poema. Como una manera de agradecer tanta hermosura.

La lectura me permite soñar y vivir historias ajenas, algunas reales otras imaginarias. Puedo terminar un párrafo, no me limita el reloj delatando que es tarde y que al otro día hay que levantarse temprano para ir a trabajar. No me condiciona el horario para hacer las compras o la comida. Puedo quedarme dormida con el libro en la mano porque me avance en demasiadas hojas. Pero no a las dos primeras, porque el trajín de todo el día, agotó mis fuerzas, como me suele ocurrir en Buenos Aires.

Hubo momentos. Cerrar los ojos para comenzar a ver en mi interior y tomar contacto con aquello que me hace feliz. Escuchar el silencio para percibir el canto de los pájaros y el sonido del viento. Dejar que el sol con su luz y el calor penetre en mi interior, llenándome de energía positiva. Desapego de la familia, personas amadas que forman de mi vida.

Parecía un cuento por la magia de concretar lo que tanto deseaba, pero es real porque lo viví y disfrute.

Todo cuento tiene su principio y su fin. La varita mágica deja su hechizo para volver a la realidad, al trabajo a la rutina. A generar los recursos para proyectar un nuevo sueño. Este fue maravilloso.

Liliana Dekleva
23/07/2018

lunes, 9 de julio de 2018

El presente

Hoy es tu día
Pensé en un obsequio
para regalarte.
Infinidad de opciones
precios, modelos y tamaños.

¿Un perfume?
Que llene de dulzura
todo mi espacio.

¿Una ropa?
Para que luzcas
tu imagen varonil
segura y protectora

¿Un calzado?
Para que caminemos
juntos por la vida

¿Un libro?
Para que me leas
en las noches de insomnio.

¿Un bolígrafo?
Para escribir
una historia diferente.

Ya está envuelto
Mi corazón
va enlazado en el moño.

Querido papá:
Cuando te encuentre
voy a entregártelo.

Liliana Dekleva
19/06/2018




jueves, 31 de mayo de 2018

El ser que habita en mi

La inseguridad
me abruma
me condiciona
me  paraliza
me desanima

Mi tenacidad me impulsa
a escalar altos muros
a enfrentar gigantes
a resistir un tsunami
a empezar de nuevo

El super yo me condiciona
me limita
me cuestiona
me crítica
me prejuzga
me culpa

El amor me fortalece
me renueva
me inspira
me alegra
me estimula

Ello.
Yo.
Super yo.
Aunque no los veo
están ahí y ejercen su influencia en mi.



LILIANA DEKLEVA
10/02/2018

El invisible.

No tiene alas    pero vuela
No tiene piernas     pero corre
No tiene forma ni color    pero está ahí
Sobrevive
guerras, tornados, terremotos.
Sin metas claras
avanza, avanza y avanza.
No tiene vuelta atrás.
Él no cambia
Tenemos la ilusión  
de poder dominarlo
pero se esfuma.
Hay
una sola manera de detenerlo.

Liliana Dekleva
01/05/2018

jueves, 15 de marzo de 2018

El rescate.


Los días pasaban y nadie nos venía a liberar de los restos del avión esparcidos en un manto blanco y espeso de nieve, a muchos metros de altura.
Estábamos todos,  Pedro, Juan y Alicia también. Tuvimos que tomar una decisión. No nos fue fácil ponernos de acuerdo. Pero como una medida de supervivencia, resolvimos  comer a nuestros compañeros.
Frente a esta situación tan extrema,  convinimos en destacar los valores y virtudes de cada uno de los muertos. 
Pedro era muy trabajador, se levantaba temprano. Juan tenía  buen sentido del humor y era muy optimista. Alicia, la voz cantante del grupo, tenía un tono muy dulce y armonioso.
Mientras deliberábamos sobre la decisión tomada, recordamos a Juan.  Rosa aún sentía el rubor en su rostro, como si él estuviera contando sus chistes subidos de tono.  No podíamos olvidarnos de Pedro, como se despertaba sobresaltado con nuestras carcajadas. Venía muy cansado de su trabajo, después de una larga jornada repartiendo cartas para el correo. Había que volver a repetirle el chiste, porque cabeceaba o se dormía en la mitad del cuento.
El viento helado soplaba su furia, con un sonido macabro y misterioso. Alicia con su guitarra lo hubiera transformado en una chacarera.
Carlos no tenía la menor idea de notas musicales, lo único que quería, era estar en su casa con la familia, frente al hogar.
Susana era la mejor amiga de Alicia, se la veía lejana y distante, con un montón de palabras  ahogadas en el dolor y el  silencio.
Fernando parecía frío e insensible, no le interesaban los pormenores del caso, ni debatir el tema, era un mal necesario y cuanto más rápido se consumara el hecho, menos doloroso.
A Liliana le resultaba aberrante la decisión tomada y trato de mantener su resistencia lo más que pudo.
Llegó el momento. Empezamos con Alicia, miramos la guitarra, en silencio nos aferramos a ella, como si de alguna manera estuviera aprobando este acto. Cuando terminamos ya no éramos los mismos.
Esta vez no fue necesario despertarlo. Para Pedro, nosotros éramos su familia, pasábamos muchos horas juntos, armando los proyectos y las charlas. Él se daba por entero a los demás. No podíamos preguntarle si estaba de acuerdo, pero dábamos por descontado que lo estaría. Tal vez en algún momento, nos llegue una carta dándonos su opinión.
Contrariamente al carácter alegre y optimista de Juan, nos cayó pesado. Entre sentimientos encontrados de lo que es y lo que debe ser, nos comimos.
La nieve permanecía blanca y fría. El rescate era una incógnita, nosotros estábamos vivos.

Autora: Liliana Dekleva
             Octubre 2017





El submarino ARA San Juan parte desde el puerto de Ushuaia el lunes 13 de noviembre con destino hacia la base en Mar del Plata. Dotado con 44 marinos. La Armada pierde la posición del navío a las 7:30 de la mañana del miércoles 15.
Los estamos esperando.
Día a día cobijamos la esperanza de encontrarlos y estrecharlos otra vez en una abrazo, poniendo fin a esta espera.
44 pasajeros. Un submarino de guerra. Ni el casco más duro y resistente, ni la más  alta tecnología alcanzo. Las baterías dejaron de funcionar.
Buques, aviones y submarinos, de diferentes banderas, barren el mar.
Las olas treparon alturas inalcanzables. Las ráfagas de viento soplaron con toda su fuerza. Las nubes densas cubrieron como un manto el mar embravecido.
En tierra, familiares, amigos, todos impacientes esperamos  alguna noticia. Los Partes de la Armada que van y que vienen. ¿Quién dice la verdad?
La explosión como un evento anómalo, singular, corto y violento, nos sacudió.
Héroes en la plataforma submarina están esperando que los puedan rescatar.

Se buscan culpables. ¿A quién adjudicarle la responsabilidad?  44 vidas están pérdidas. En las profundidades del mar.

Liliana Dekleva

Noviembre 2017


viernes, 9 de marzo de 2018

¿Quién corta el cordón?

Hoy mientras iba nadando me encontré con un espermatozoide, nos vimos nos fecundamos e iniciamos una nueva vida.

Liliana y Adolfo llevaban un año de casados, los dos ya eran grandes, decidieron que era el tiempo de tener un hijo.  Estuvieron tres años buscando pero la fecundación no se producía. Llegó el día tan esperado. Estaba embarazada.
40 semanas, estaban felices, las contracciones, el bolso, todo listo. No hay latidos, una mala praxis. Un mundo de sueños e ilusiones hecho pedazos. Hubieran dado la vida entera por cobijarla en sus brazos, por tenerla con vida.

Tengo 14 semanas. Mi cuerpo ya está formado.  Escucho un ruido constante, parejo, es mi  corazón que está latiendo. Tengo un cordón que me une a alguien.

Encontraron a la mujer en la calle, sola, como perdida, ensangrentada, igual que la aguja de tejer que tenía en la mano. El médico del SAME le preguntó qué le pasaba, aunque con solo ver el cuadro ya se imaginaba el resto. Entró en la sala de partos, no hay vuelta atrás, estaba todo perdido, no había latidos.

Sigo aquí, estoy creciendo. No tengo tanto espacio para moverme como antes.

Ingresó envuelto en una manta, el cordón atado con un hilo. Estaba a término.  El crudo invierno transitaba en ese momento. Una señora que iba a tirar la basura  sintió un llanto, primero pensó que era un gatito, pero al sacarlo descubrió que era un niño. Le pusieron de nombre Santiago.  Cuando llegó lo bañamos, lo vestimos y pusimos en la incubadora para que su cuerpito tome calor.  En la sala de neonatología  nos enternecimos con su vida, brindándole cuidado y mucho cariño. Estuvo dos meses con nosotros mientras trataban de ubicar a la madre o algún familiar. Algunos quisimos llevarlo a casa y adoptarlo, incluyéndome, pero no se podía, las leyes argentinas no lo permiten. Tiene que pasar un tiempo hasta descartar la posibilidad de que aparezcan los progenitores biológicos o que se presenten y anulen la patria potestad del niño.
Santiago fue a un hogar. A los cuatro años volvió a la guardia de Pediatría por una gastroenteritis. Todavía estaba en trámite su adopción.
Hay 5.352 familias anotadas, ya sean monoparentales, uniones convivenciales o matrimonios, que esperan para adoptar un niño.

Tengo que darme vuelta y acomodarme para salir. ¿Qué estará pasando afuera? ¿Habrá alguien esperándome?

En la Sala de Recepción del Recién Nacido estaba todo dispuesto para la llegada del bebé. La ropita estaba en una bolsa y en ella un papel escrito con el nombre “Luz Milagros”. La obstetra nos comentó que este era un caso muy especial, la mamá había sido violada y junto con su familia habían decidido dar al bebé, renunciando a la patria potestad. De todas formas todavía estaba a tiempo de arrepentirse. Cuando la beba ya estaba bañada y vestida me acerqué a la mamá. Muy jovencita, lloraba en silencio. Le pregunté si quería verla, me dijo que no. Lo único que le interesaba saber era si la niña estaba bien y si le habíamos puesto el nombre que estaba en la bolsita. Le dije que sí.
Luz Milagros estuvo un mes y un poquito más en Neo. Los padres adoptivos vinieron a buscarla y nos contaron su historia. Hacía mucho deseaban ser padres,  más de cinco años.  Habían intentado tres veces la inseminación artificial, pero con resultado negativo. El nombre de la niña era muy significativo para ellos, “Luz” porque había traído luz a sus vidas cuando se enteraron de esta posibilidad y “Milagros” porque después de tanto tiempo y  tantos intentos,  todos sus sueños e ilusiones se hacían realidad.

Ya salí, cortaron el cordón. No estoy nadando, ahora me sostienen. Hay mucha luz, escucho diferentes voces. Estoy vivo.


Liliana Dekleva
Marzo 2018





martes, 13 de febrero de 2018

Un paseo hacia tierras lejanas.


De pronto la noche  se hizo día, el sol brillaba con todo su esplendor, el clima cálido y otoñal hacía más placentera la caminata por La Plaza San Esteban. No pude entender cómo llegué hasta allí, tan lejos y sin transporte.
Me introduje en el bullicio de la calle más importante de la ciudad, la Ringstrasse. El aroma a café y las exquisiteces vienesas que se exhibían en los negocios me despertaban el apetito. Transitaba por las calles buscando mis raíces, aquello que me identificara con mi historia, mi apellido.
Los edificios más elegantes, importantes y arquitectónicos se perfilaban a mi paso. Entre ellos, el Palacio Real Hofburg, la Bolsa, el Parlamento, el Burgtheater, la Iglesia Votiva, la Universidad, el Museo de Historia del Arte o el Museo de Historia Natural.
El idioma era una dificultad porque me impedía comunicarme con fluidez. En ese momento recordaba a la tía Luisa, con quien viví un tiempo durante la adolescencia. Ella sabía hablar alemán, pero nunca se me ocurrió pedirle que me enseñe, era muy lejana la posibilidad de necesitarlo.

El barco tocaba insistentemente la bocina, anunciando el comienzo de un paseo por el río Danubio, desde la proa los pasajeros felices y expectantes saludábamos a la gente que quedaba en tierra.
Esta vez había un servicio de audio guía durante toda la travesía, con comentarios en español.
Durante el recorrido pasamos por unos bosques preciosos, por la Torre del Danubio, por los edificios multicolores Kunsthaus y Hundertwasserhaus, los cuales reflejaban en el río  toda su belleza. Parecía que bailaban, al compás de las ondas que se formaban en el agua al paso del barco.
Mientras navegábamos cruzamos cinco puentes, entre ellos El Margarita, un nombre muy especial en mi historia. El que me resultó significativo fue el Puente de la Libertad, así me sentía en ese momento, libre de vivir, pensar, sentir y soñar. Cuantos había cruzado en mi vida, algunos más altos, otros más bajos, pero todos implicaban un gran desafío.
Desembarcamos en la isla Margarita,  era imposible estar allí y que el recuerdo de mi madre no estuviera presente.
Me dirigí al lugar donde alquilaban bicicletas y junto con otros turistas comencé a recorrer la isla. El pedaleo se hacía más liviano y agradable entre el aroma de las de flores y la vista del paisaje. No me alcanzaban los ojos para ver tanta belleza, parecía que estaba frente a un cuadro pintado por el mejor de los artistas.
Detuve mi bicicleta en la fuente musical. El agua subía y bajaba hasta 25 metros de altura, las 227 bombitas a su alrededor, le daban diferentes tonos de brillo, luz y color, la música de Strauss y Mozart invitaban a bailar. Busque con la mirada un príncipe azul que me invite a  danzar, como si fuera la protagonista de un cuento de hadas, por más que no llevaba en mis pies, los zapatitos de cristal.
Mientras el barco se alejaba de la orilla, con la mirada fija en la isla, supuse por que mi abuelo Matías, ya radicado en Argentina, eligió poner el nombre Margarita a su hija, tal vez para depositar en ella, un pedacito de su amada tierra.

Era muy difícil conseguir entradas, había que reservarlas con mucho tiempo de anticipación, pero yo estaba allí,  en el edificio del Musikverein, la sala de música más famosa del mundo, con una acústica perfecta,  la Großer Saal - conocida como Sala Grande o Sala Dorada. Ubicada en  el mejor lugar del auditorio.
Era la noche de gala. Llevaba un largo vestido color verde esmeralda, que hacía juego con mis ojos, al caminar un corte sutil y discreto, dejaba asomar mis finas piernas. Calzaba unos zapatos altos aterciopelados del mismo tono, con un pequeño moño en las punteras. Los aros en forma de nota musical, brillaban entre los rizos que caían sobre mis hombros. Hacían juego con el colgante que adornaba el provocativo escote.
Se apagaron las luces, el espectáculo comenzaba. Se abrió el telón y los músicos esperaban la entrada solemne del director de la orquesta, como un estallido sonaron los aplausos al presentarse ante el público.
Los valses de Strauss llenaron el recinto, me deje llevar por esos acordes que me envolvían y me llegaban hasta las fibras más íntimas de mi ser. Ahora entendía porque me gustaba tanto y se me erizaba la piel cuando lo escuchaba, como si hubiera encontrado la pieza faltante del rompecabezas para completar mi partitura. Mi árbol genealógico. Saqué un pañuelo.

A lo lejos se oía un ruido molesto y persistente, anunciando que el paseo por Viena había terminado. Era el reloj despertador.


LILIANA DEKLEVA
Octubre 2017

Consigna del taller literario: "Es superior el vaso transparente, de la mano del hombre que lo creo."




Sala de Pediatría

El Dr. Facundo es médico clínico, cursa su tercer y último año de la residencia en pediatría.

Julia es Licenciada Universitaria de Enfermería. Tiene en su haber varias cursos de especialización en pediatría, neonatología y obstetricia y un posgrado en docencia.

Si nos remontamos al origen de la medicina tendríamos que retroceder muchos año atras. Si buscamos el origen de la enfermería como una disciplina académica, seria una menor cantidad de años. Pero ya desde el origen de la humanidad la mujer tiene asignado implícitamente el arte del cuidado. La madre con su hijo.
En épocas de guerra las mujeres  cuidaban a los enfermos en los hospitales de campaña, no tenían títulos ni diplomas pero desempeñaban la tarea poniendo en práctica su buena voluntad y talento. El cuidado se fue complejizando y perfeccionando hasta hacer de él una profesión, una carrera universitaria.

El Dr. Facundo hace su recorrida por la sala con sus colegas, se acercan a la cama de Jorgito que tiene 4 años.
-¿Como estas?, te vamos a mirar la rodilla.  Le quitan la sábana que lo cubre, comienzan a palpar. El niño llora, le duele. Marcan con una birome la extensión de la inflamación, los otros médicos y residentes también palpan la zona para evaluar la dureza y profundidad de la lesión. El niño llora, le duele. Los médicos intercambian miradas y comentarios entre ellos.
La mamá escucha sin entender lo que le están diciendo. El Dr. se dirige a ella y le comenta que su hijo tiene una celulitis en la rodilla y es necesario colocarle una vía endovenosa para recibir el antibiótico. Ella le tiene que hacer unos paños con agua de alibur en la zona afectada.  
Los médicos se retiran a evaluar a otros pacientes. La rodilla del niño queda descubierta.

Hola Jorgito cómo estás, de que cuadro sos? Le pregunta la enfermera.
-De independiente - contesta el niño
-Del rojo, los campeones. Ahora tienen la copa. - El niño sonríe
-¿vas al jardín? -si - responde
-¿Cómo se llama tu seño?
- Marcela- ¡qué bueno! - le responde Julia.

La mamá  está angustiada y confundida, salieron de su casa para hacer una consulta por la rodilla de su hijo y quedaron internados. Le hablaron de celulitis, de vía, de paños de agua de alibur. Un montón de información que no sabe cómo procesar ni qué hacer con ella.
La enfermera le explica que la celulitis es una inflamación e infección de las diferentes capas de la piel, cuanto más profunda es la lesión, más son las capas afectadas. Le comenta que es necesario colocar una vía o catéter intravenoso para administrar el antibiótico, ya que es el tratamiento más rápido y efectivo. También le informa que el agua de alibur es un antiséptico y desinfectante que se utiliza  diluido con agua tibia y se coloca con gasas estériles en la zona afectada, con el objeto que se ablande el absceso y la infección pueda salir hacia fuera.
La madre lleva al niño al office de enfermería para realizar el procedimiento. Lo acuesta en la camilla, la enfermera le explica como contenerlo. Jorgito está asustado y comienza a llorar.
-Jorge yo te voy a poner una manguerita para pasarte el remedio así te curas y podes ir a tu casa y al jardín  a jugar con tus amiguitos.
La enfermera sujeta el brazo del niño, llora y se resiste, la enfermera le habla tratando de calmarlo, no lo logra. Continúa con el procedimiento, sabe que es necesario y para su bien. Coloca el lazo para que resalte la vena, introduce el catéter, la vía para pasar el medicamento. Verifica que haya un buen retorno.

Jorgito tiene el alta, la lesión de la rodilla está subsanada.
- Que bueno ya podes ir a casa - le dice Julia, el niño está contento. Mientras la mamá guarda y prepara sus cosas.
- Te voy a sacar la manguerita- al principio Jorge se resiste, la tela adhesiva está muy adherida a la piel. Finalmente sonríe al mover su brazo libremente

El doctor Facundo entrega a la mama el resumen de la epicrisis y le da las indicaciones para continuar el tratamiento en domicilio

La mama le  entrega un regalo al Dr. Facundo y sus colegas, por la atención recibida. El niño antes de  irse le da a Julia un dibujo hecho por el con su nombre y en una parte un corazón donde la mamá escribió la palabra “gracias”.

Liliana Dekleva
29/12/ 2017